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LAS HUMANIDADES EN EL PROYECTO EDUCATIVO



Quiero mostrar aquí que las humanidades son más que una parte del currículo: constituyen la perspectiva desde la que el currículo y el conjunto del sistema educativo pueden adquirir coherencia.

En un mundo racional, proponer un proyecto implica justificarlo, ofrecer razones que lo sostengan (por ejemplo, explicando su importancia, su sentido o sus consecuencias positivas). ¿En qué términos se presenta a los jóvenes el proyecto de su educación? Si pensamos que se trata de un proceso que comienza a los tres o seis años y que, además, es obligatorio, la idea misma de «propuesta» parece perder sentido. Sin embargo, se espera que los estudiantes vayan alcanzando la autonomía necesaria para hacerse cargo de ese proceso, organizando su tiempo, escogiendo itinerarios y asumiendo responsabilidades. Cabría pensar que, en algún momento de la adolescencia, llegarán a comprender las razones que justifican el enorme esfuerzo realizado por la sociedad y por ellos mismos —dedicando a la escuela buena parte de su tiempo durante años, y cerca de mil horas anuales sólo a las clases—. Pero eso rara vez ocurre. Y no ocurre porque esas razones son casi tan oscuras para ellos como para el resto de los implicados.

Es obvio que la educación es fundamental para el individuo y para la sociedad, pero no resulta tan evidente por qué. Es una paradoja familiar para los filósofos: convivimos con realidades que damos por supuestas y que, sin embargo, apenas nos detenemos a tratar de comprender. El sistema educativo carece de un proyecto suficientemente coherente y compartido por quienes participan en él. Como consecuencia, los educandos apenas pueden encontrar un sentido a todo ese esfuerzo más allá de los argumentos habituales de la miopía pragmática de los adultos —la empleabilidad o la remuneración futura— o de la resignación condensada en el «es lo que te toca».

Creo que el problema puede orientarse a partir de una premisa general, problemática en sí misma: educar a alguien es socializarlo, es decir, formarlo para integrarse en un grupo. No es problemática porque sea falsa —de hecho, la hipótesis contraria, «educar no es socializar», plantearía dificultades aún mayores—, sino porque resulta demasiado general.

La premisa se entiende bien si consideramos sociedades más simples. Educarse en Esparta, por ejemplo, significaba convertirse en parte funcional de una sociedad organizada para la guerra, sin alternativas capaces de distraer al individuo de ese objetivo o debilitar al conjunto. Cuando trasladamos esa idea a nuestro caso, sin embargo, todo se vuelve incierto. ¿A qué sociedad pertenece realmente el estudiante? ¿Al país, a la cultura occidental, al sistema económico global, a su generación, a la nuestra o a la del futuro? Existen, desde luego, grupos inmediatos —la familia, la escuela y otros ámbitos de convivencia— cuyas exigencias de adaptación son claras y poderosas, pero no son el referente de la socialización de la que aquí hablamos. Además, ¿qué significa exactamente «adaptar»? ¿Formar al individuo conforme a determinados modelos? ¿No entraría eso en tensión con la autonomía que pretendemos desarrollar? El modelo espartano resulta nítido; el nuestro, por su propia naturaleza, no puede serlo. Precisamente por eso necesitamos reflexionar sobre los fines de la educación sin reducirlos a una simple preparación para el empleo, sino haciéndonos cargo del tipo de sociedad que pretendemos ser: una sociedad democrática.

La democracia es, esencialmente, el espacio en el que cada miembro puede convertirse en un factor de evolución del conjunto, precisamente porque se le permite ser diferente y hacer valer esa diferencia en beneficio propio y de los demás. En una democracia, la adaptación es necesariamente mutua.

En el preámbulo de la LOMLOE se encuentra esta algo atropellada exposición de los fines individuales y sociales de la educación:

Mientras que para cualquier persona la educación es el medio más adecuado para desarrollar al máximo sus capacidades, construir su personalidad, conformar su propia identidad y configurar su comprensión de la realidad, integrando la dimensión cognoscitiva, la afectiva y la axiológica, para la sociedad es el medio más idóneo para transmitir y, al mismo tiempo, renovar la cultura y el acervo de conocimientos y valores que la sustentan, extraer las máximas posibilidades de sus fuentes de riqueza, fomentar la convivencia democrática y el respeto a las diferencias individuales, promover la solidaridad y evitar la discriminación, con el objetivo fundamental de lograr la necesaria cohesión social.

Aunque solemos desconfiar del estilo legislativo, percibido a menudo como una retórica burocrática torpe o interesada, en este caso el texto expresa con bastante acierto la relación entre la persona y la comunidad:

  1. La persona se desarrolla sin coerción: se habla de sus capacidades, su personalidad, su identidad y su comprensión de la realidad.
  2. La sociedad no se concibe como una mera organización económica, sino como una comunidad sustentada por una cultura, un conocimiento y unos valores que la educación transmite y renueva.
  3. La cohesión social no descansa en restricciones normativas, sino en disposiciones éticas promovidas por la educación: la convivencia, el respeto a las diferencias y la solidaridad.

Por tanto, lo que hemos olvidado es la esencia humanística de la educación democrática: ante todo formamos a la persona y sobre esa base se desarrolla el profesional. Pero, como nos resulta más sencillo entender las razones pragmáticas que las razones de fondo, terminamos perdiendo de vista el sentido de todo el proceso, perjudicándose con ello la persona, el profesional y la calidad democrática general. El proyecto educativo necesita que sus agentes tengan presentes esos fundamentos, no solamente para invocarlos retóricamente en los discursos, sino para extraer de ellos consecuencias concretas organizativas y curriculares. De otro modo, la educación deja de ser un sistema dirigido a lograr el desarrollo de la personalidad, o siquiera la adaptación al mercado de trabajo, para convertirse en un conjunto de actividades rutinarias dedicadas al autoengaño. 

Un apunte sobre la dialéctica y la democracia

De entrada, hay que avisar que NO nos referimos aquí, claro, a la curiosa interpretación marxista del término, sino a la noción original de dialéctica como intercambio discursivo, o sea, no “concreto” o “real” (más allá de la realidad que tienen el pensamiento y sus expresiones). 

Cuando hablamos de la argumentación como la actividad discursiva consistente en “dar razones” la consideramos en tres dimensiones: la lógica, que refiere a la estructura del discurso que sostiene una sola posición (y cuyo valor central es la coherencia); la retórica, que se refiere a los recursos de presentación de cada posición (por ejemplo, la selección del lenguaje, las estrategias pedagógicas o diplomáticas, etc.) que aseguren la aceptación por parte del auditorio; y la dialéctica, esto es, el contexto en el que los puntos de vista se confrontan y del que puede decantarse una posición fundamentada. 

Hay que destacar que la razón es SIEMPRE dialéctica, porque en torno a cualquier problema existen siempre varios posibles puntos de vista, independientemente de que estén representados por diferentes personas o estén siendo barajados en el pensamiento de un solo individuo. El concepto de dialéctica es muy importante porque está en el núcleo de todo proceso de pensamiento. “Pensar” viene del latín “pendere”, colgar los pesos en una balanza, idea que sirve de metáfora para la operación intelectual de comparar puntos de vista. En ese sentido, otra metáfora (y que muestra muy bien la utilidad de las metáforas en las exploraciones filosóficas) es la que reside en el término cogitare, co-agitar las posibilidades buscando una solución o conclusión. 

La democracia es la forma de organización política que se basa en la aceptación de la pluralidad de puntos de vista (a diferencia del fascismo o el comunismo, que uniforman el pensamiento mediante doctrinas y minimizan el debate limitándolo a cuestiones técnicas). Por eso, para que una democracia funcione, es imprescindible una consciencia clara de su estructura dialéctica, tanto de la competencia discursiva de sus políticos como de la calidad crítica de sus votantes y de sus medios de comunicación. 


Aforismos

Donde todos hablan a la vez, se demuestran dos cosas: 1) Nadie escucha a nadie; 2) Son lo bastante estúpidos como para que no les importe.

Las masas son esencialmente pasivas; sólo pueden propagar las emociones que les induce el demagogo.

La demagogia es tan o más peligrosa que la dictadura. Algunos países son enfrentados al dilema entre ambos males.

Si se quiere una democracia eficiente, debe evitarse a toda costa la formación de masas.

El demagogo seduce a la masa con propaganda, pero si la respuesta emocional es muy grande, acaba creyéndosela él mismo.

El nacionalismo promueve que el individuo gris se sienta parte de un colectivo glorioso. De allí que el nacionalismo atraiga a tantos individuos inestables.

En algunas culturas, el “poder” tiene una ética perversa que lo liga a la corrupción: si la ley te inhibe y no puedes lograr tus fines PARTICULARES, no tienes poder.

La participación democrática racional consiste en verbalizar y dar coherencia a la interpretación de los conflictos.

Al demagogo le interesa crear situaciones masivas en las que las personas no puedan expresarse individualmente y tiendan a reaccionar emocionalmente con los demás. Así la masa se torna muda y quienes están en ella quedan sometidos a la presión de grupo que controla el orador.

Hay debates en los que lo único inteligible es el odio.

“Existir es sentir; nuestro sentir es obviamente anterior a nuestra inteligencia, y tenemos sentimientos antes de tener ideas.” Jean-Jacques Rousseau / Conclusión: mirar bien qué sentimientos propician las mejores ideas y proyectos y cuáles nos convierten en asnos.

Los populistas inventan un ente metafísico (el pueblo), le atribuyen propiedades mágicas, y luego dan carnet de afiliado a los ingenuos.

Las emociones no prueban absolutamente nada respecto a los hechos o palabras que las ocasionan.

Hay discursos cuya verdadera y única finalidad es la satisfacción psicológica del que los enuncia.

Ante la crítica, las personas sensatas dudan y revisan sus opiniones. Los necios, en cambio, reaccionan buscando a otros necios para compartir su error con una tribu.

En un país polarizado, es raro que sólo una mitad tenga razón. Lo más probable es que todos sean presa en alguna medida del odio y la insensatez.

La teoría aporta a la política dos elementos de “distracción retórica”: 1) da coherencia al discurso político, lo que lo hace sonar plausible y, 2) induce a descuidar la crítica de sus premisas.

Lo normal sería pensar primero y luego tomar opción política. Hoy es al revés: primero se elige bando y luego se busca algo que pensar.

Los necios afirman sin dar razones, por eso suenan más seguros que el que razona. De este modo seducen a otros necios.

La identidad nacional invita al individuo gris a participar en un colectivo glorioso. De allí que el nacionalismo atraiga a tantas personalidades perturbadas.

La militancia consiste en someter la conciencia personal a la disciplina de partido, lo que la hace esencialmente antidemocrática y explica por qué conduce inexorablemente a regímenes dictatoriales.

El nacionalismo geográfico es absurdo y el nacionalismo étnico es racista. Sólo cabe gestionar de la manera más justa posible los territorios políticos en los que casualmente nos ha tocado vivir.

El balance perfecto de la miseria política se da cuando la derecha no cree en la justicia y la izquierda no cree en la ley

El político es como un contador: que sea honesto y competente no significa que nuestros negocios vayan a mejorar; pero si es un pillo, un incapaz, o ambas cosas, nos arruinará con seguridad.

El sentimiento es cierto para el que lo experimenta. De allí que piense que todo lo ligado a ese sentimiento también lo es.

En contra de lo que venden los populistas, un agregado de individuos ignorantes no produce un colectivo sabio.

En la organización de los estados,  lo único más peligroso que los políticos es la noción de "pueblo".

En política no se debate para traer al otro a nuestro bando, sino para que las cosas marchen a pesar de nuestras diferencias.

Dialogar con el que piensa como nosotros refuerza lazos de unidad, pero la conciencia progresa cuando debatimos con el que piensa diferente.

Es frecuente que un sistema corrupto esté infestado de incompetentes, porque al político corrupto no le resulta fácil encontrar gente deshonesta y capaz (que además siempre es peligrosa). Los torpes agradecen el cargo y por ello son más leales.

Es malo que no te escuchen cuando tienes razón, pero puede ser peor que te hagan caso cuando no la tienes.

Es regla de la buena dialéctica hacer la mejor interpretación posible de los argumentos del otro. El diálogo es voluntad de comunicación.

El problema no es la existencia de Dios, sino sus argumentos. Su mera existencia no sería razón para obedecerlo.

Hasta que no buscamos razones para ellas, nuestras creencias habituales deben ser consideradas como probablemente erróneas.

Hemos formado nuestras opiniones de modo casual a través de los años. Es natural que estemos llenos de contradicciones.

La racionalidad no consiste en saber, sino en ser conscientes de nuestros límites. Y esa conciencia es lo que nos lleva hacia los otros, nuestros interlocutores.

La vida material exige moderación y regularidad. Lo ilimitado sólo es posible al espíritu, a través del conocimiento.

El fundamento de la comunicación no es lógico, sino ético: decir la verdad y escuchar al otro.

Actitud crítica es hacer o hacerse preguntas para entender lo que se critica. La negación, el ataque personal o el puro rechazo no son crítica porque suponen desprecio, y la crítica sólo puede funcionar examinando su objeto con atención e interés. 

Lo que nos constituye como seres humanos son los tres valores no ligados a la utilidad: verdad, bondad y belleza.

La analogía más engañosa es ver lo cualitativo como cuantitativo. En el mundo hay un mejor ciclista, pero no un mejor escritor.

La argumentación es la búsqueda de articulación en una masa de informaciones aisladas y, en parte, contradictorias.

El valor de la vida como axioma abstracto es débil, para tener fuerza ética debe hacerse sentimiento a través de la compasión.

Debemos desarrollar formas cómodas de reconocer que estamos equivocados y formas educadas de señalar los errores de otros.




Aforismos

Orden y cambio se necesitan. El puro cambio es imposible; el orden fijo es dictadura. La democracia es el orden dinámico

La misión de los políticos en democracia es conjugar racionalmente el orden con el cambio.

Hasta que no buscamos razones para ellas, nuestras creencias habituales deben ser consideradas como muy probablemente erróneas.

Los populistas inventan un ente metafísico (el pueblo), le atribuyen propiedades mágicas, y luego dan carnet de afiliado a los ingenuos.

Atribuir rasgos de un grupo a una persona que ni siquiera se reconoce miembro de él es un modo grave de difamación.

El espíritu de una cultura política degradada se parece al espíritu de las aficiones del fútbol: emoción y presión de grupo.

Las respuestas están en el diálogo, y el punto de partida, en nuestra condición humana común. Eso implica ser abiertos y no pelear por posiciones prescritas.

En política no se debate para traer al otro a nuestro bando, sino para que las cosas marchen a pesar de nuestras diferencias.

No podemos prohibir algo que es legal sólo porque no nos gusta. Debemos intentar convencer con nuestras razones.

En democracia, nuestra posición política nunca es determinante; sólo es más o menos influyente.

Es malo que no te escuchen cuando tienes razón, pero puede ser peor que te hagan caso cuando no la tienes.

La disposición de tu auditorio es clave. Una mala retórica puede hacer que te ignoren, aunque tengas razón.

La verdad se impone siempre a través de los hechos, nunca a través de las palabras.

El necio sólo reconoce la verdad en el choque violento con la realidad, no sabe leer advertencias.

Si el necio asocia la verdad con lo que se impone brutalmente, el único discurso que entiende es el vociferar del demagogo.

El estilo de la realidad es violento. El estilo violento de los discursos demagógicos da impresión de verdad a los necios.

La "verdad" de los hechos es poderosa, pero muda. Sólo la razón aclara qué pasó.

La razón convierte el conflicto concreto (físico, psicológico, etc.) en problema. Esto es, lo convierte en conflicto lógico.

La capacidad de llevar los conflictos a una forma discursiva es la base de la tolerancia.

Los políticos de la izquierda clásica podían moverse entre la teoría y la propaganda. Hoy el primer término no existe.

Una de las formas en que se degrada la política es consumiendo su propia propaganda.

Al individuo sumergido en una masa sólo se le propone reaccionar emocionalmente con los demás. En ese contexto no existe como ser de razón y es fácilmente instrumentalizado por los demagogos.

Si se quiere una democracia eficiente, debe evitarse a toda costa la formación de auditorios masivos.

Cuando buscamos razones para nuestras ocurrencias es porque queremos hacerlas universales, queremos hacerlas de todos.

No se deje impresionar por una sentencia breve dicha con solemnidad. Puede tratarse de una tontería.

Para los perezosos mentales, el mejor argumento es el silencio al final de una frase lapidaria.

Pensar que sabemos algo que nadie más sabe nos hace sentirnos poderosos. De ahí que haya credos fanáticos organizados en torno a creencias absurdas.

Dialogar con el que piensa como nosotros refuerza lazos de unidad, pero la conciencia progresa cuando debatimos con el que piensa diferente.

La ignorancia es natural a todos los seres humanos, pero la estupidez es un empeño, una actitud.

Los problemas controversiales suelen ser un agregado de varios problemas distintos que intentar saber separar.

El sentimiento es cierto para el que lo experimenta. De allí que piense que todo lo ligado a ese sentimiento también lo es.

Prejuicios inculcados en la niñez acerca de grupos o personas suelen condicionar el juicio incluso en sujetos inteligentes.

Tragedia: nos cuesta amar individualmente, pero podemos odiar en abstracto a categorías enteras de seres humanos.

La argumentación es la búsqueda de articulación en una masa de informaciones aisladas y, en parte, contradictorias.

Argumentar es articular lo que creemos cierto con lo que nos parece posible.

La vida material exige moderación y regularidad. Lo ilimitado sólo es posible al espíritu, a través del conocimiento.

La emoción es un hecho, no una verdad. Es por eso que la emoción asociada a una idea no altera su valor.

¿Cuál es el valor dialéctico de la provocación? Pasar a una confrontación en la que el provocador cree tener mejores posibilidades.

Cierta política apela a la provocación por hábito. De este modo, sólo se comunica con un auditorio intelectualmente básico

La identidad nacional invita al individuo gris a participar en un colectivo glorioso. De allí que el nacionalismo atraiga a tantas personalidades perturbadas.

"Todo se torna un poco diferente cuando lo proclamamos en voz alta." H. Hesse

El valor de la vida no es un axioma abstracto. Debe hacerse sentimiento a través de la compasión.

La argumentación es la esencia de la democracia, es el único modo de adaptación entre individuos y grupos diferentes.

Es regla de la buena dialéctica hacer la mejor interpretación posible de los argumentos del otro. El diálogo es voluntad de comunicación.

"Una gran verdad es aquella cuyo opuesto también es una verdad." Thomas Mann.

El sistema ideológico permite argumentaciones muy llamativas que fascinan al partidario, que no las entiende.

Los sistemas ideológicos tienden a cerrarse al diálogo, pues quien no los conoce no puede hacer objeciones.

El dominio de un sistema ideológico da una falsa sensación de poder. Con frecuencia, impide captar lo que es evidente para el sentido común.

La analogía más engañosa es ver lo cualitativo como cuantitativo. En el mundo hay un mejor ciclista, pero no un mejor escritor.

Una vez sembrada la semilla del odio, el pensamiento no hará más que racionalizarlo eludiendo toda prueba en contrario.

Puedes tener dudas sueltas o certidumbres sueltas. La evolución lógica de esto último es una dogmática; la de lo primero, una filosofía.


La filosofía sigue la tradición humanística del mandato "conócete a ti mismo". En ese sentido, las ciencias naturales son solo distracciones.


La teoría aporta a la política dos elementos de “distracción retórica”: 1) da coherencia al discurso político, lo que lo hace sonar plausible y, 2) induce a descuidar la crítica de sus premisas.


Se puede imitar el alemán sin saber alemán. Igualmente, se puede imitar el sonido de la filosofía para hacer confundir la nada con la profundidad.


Uno de los mayores enemigos de la buena dialéctica es el narcisismo. La autoescucha es necesaria, pero solo si es crítica.


"La verdad raramente es pura, y nunca es simple." Oscar Wilde





Por qué la izquierda radical es el mejor aliado de la extrema derecha

En la conciencia política de los países democráticamente subdesarrollados prevalece la noción maniquea de que la lucha en torno al progreso es un enfrentamiento entre héroes de izquierdas y villanos de derechas. Propongo una interpretación alternativa.

No es difícil entender la diferencia entre lo que necesitamos para vivir dignamente y lo que necesitamos para vivir, a secas. Para una vida digna es condición necesaria la existencia puramente biológica. Usted puede vivir sin saber leer ni escribir, pero no puede vivir sin comer. Es filosóficamente interesante el hecho de que el valor más elevado esté en realidad (objetivamente) subordinado al valor inferior. En política esto se manifiesta en un aspecto importante: la estabilidad del orden socio-político es más fundamental que los valores de la vida digna (clásicamente: igualdad, libertad y justicia).

Sobre la base de lo anterior podemos razonar del siguiente modo.

1) Una sociedad no puede existir sin orden, pero puede existir (y así ha sido tristemente durante la mayor parte de la historia humana) sin justicia o sin igualdad. 

2) Las formas de ordenar y gobernar una sociedad son muy diversas, y pueden dejar más o menos sitio al desarrollo de aquellos valores, siendo la democracia el sistema ideal, ya que no sólo los tolera sino que los promueve. 

3) Ahora bien, la democracia es comparativamente un orden débil, por lo cual las pugnas políticas en torno al progreso de la dignidad pueden poner en riesgo ese orden. 

4) Si el orden es afectado gravemente, el principio de supremacía indicado determinará que su restablecimiento se convierta en prioridad por encima de cualquier otra cosa, postergando o lesionando seriamente aquellos ideales.

En la historia son muchos los casos en los que un periodo más o menos democrático se desestabiliza a causa de una actividad política que atiende al progreso ignorando el orden, negligencia que termina desembocando en algún tipo de autocracia (la 2ª República española o el Chile de Allende son buenos ejemplos). Es aleccionador el hecho de que en ambas situaciones hubiera personas que habiendo simpatizado con las corrientes de cambio terminaron por aceptar la dictadura. Para ellos, la inseguridad extrema fue menos tolerable que la pérdida de libertades.

Por todo lo anterior, se hace obvio lo siguiente: las políticas de progreso social gestionadas de manera irresponsable alimentan la necesidad de orden y, en consecuencia, acaban por debilitar los valores que intentan promover.

De manera esquemática, el drama político de las democracias subdesarrolladas puede describirse como sigue. Las izquierdas serias (v.g., algunas socialdemocracias) consiguen impulsar el progreso sin desatender la estabilidad; dicho de otro modo, aventajan a la derecha al defender tanto el valor básico (el orden) como los valores superiores (libertad, igualdad, justicia). La derecha, por su parte, ofrece orden y se limita a abogar por la parte conservadora en los debates sobre el progreso social. Las izquierdas infantiles, por su parte, enardecen el debate y lesionan el orden sin obtener ningún logro positivo (salvo, en el caso de la izquierda revolucionaria, la quiebra del “sistema”), con lo cual dejan la puerta abierta no simplemente a la derecha, sino a la derecha más extrema.

Por lo tanto, es muy estúpido alegrarse ante una gran crisis política sólo porque se piensa que desaparecerán los malos. Porque lo que puede ocurrir es que “los malos” salgan de ella fortalecidos y que lo que desaparezca sean derechos y libertades que creíamos aseguradas.




Sobre pactos

Al político le resulta más cómodo gobernar con mayoría. Pero en un sistema parlamentario (o sea, no presidencialista) se piensa en una asamblea plural en la que cada fuerza haga valer sus ideas en la medida determinada por los votantes. La actual coyuntura política en España está poniendo a prueba las oxidadas o precarias competencias dialécticas y lógicas de nuestros políticos; la falta de práctica es evidente.


Desde el punto de vista dialéctico (esto es, relativo al debate como interacción), siempre dará mejores resultados un debate entre perspectivas múltiples que un debate entre sólo dos o tres posiciones, por la sencilla razón de que habrá más contribuciones tanto en el plano de la información (porque el conocimiento de los participantes se suma) como en el de la crítica (porque hay más inteligencias capaces de captar relaciones lógicas, de hacer deducciones o de detectar fallos). 

Pero esto sólo es posible si los agentes de estas perspectivas son individuos racionales. Y ser racional no es sólo cuestión de inteligencia y conocimiento (que desde luego nunca vienen mal), sino sobre todo de actitud. La persona más culta e inteligente puede ser obcecada, sorda ante las opiniones ajenas, prejuiciosa, etc.; y el individuo más sencillo puede ser un excelente dialéctico sólo por ser capaz de escuchar y hacer preguntas oportunas ­–la única virtud que se atribuía Sócrates, por cierto.


Sobre el modelo de un pacto de dos partes, pueden proponerse las siguientes normas de buenas prácticas:

1-       No vetar interlocutores a priori. En la fase de pactos muchos se apresuran a determinar ciertas exclusiones,  declarando con quien no se va a pactar en ningún caso. En un contexto democrático, es muy mala señal que haya partidos que corten la comunicación con otros (salvo la forma primitiva de comunicación que representan los insultos) y los votantes deben tomar buena nota de ello. Si se considera imposible tratar con algún grupo, los políticos deben evaluar cuidadosamente e informar de las razones por las que ocasionan esa merma de calidad al sistema.

2-       Elaborar meditadamente un programa común. Deben compararse los programas para ubicar: 1- los puntos similares en los dos programas, 2- los puntos aceptables (que están sólo en uno de los dos, pero que la otra parte considera incluibles en el suyo), 3- Los puntos rechazables (están en uno de los dos y la otra parte se niega a incluirlo en el programa común). Deben hacerse los debates necesarios para asegurarse de que se entiende bien lo que se acepta o se rechaza, haciendo esfuerzos para maximizar lo primero y minimizar lo segundo.

3-       Priorizar. Cuando se tiene mayoría se aspira a la realización total del programa, pero cuando se gobierna en pacto se trata de fijar unos mínimos de participación en el programa común. Para ello es indispensable establecer prioridades, pues obviamente preferimos que se incluyan los puntos que consideramos más importantes. Suele intentarse hacer concesiones en puntos de menor importancia a cambio de ventajas en los asuntos principales. Es una jugada legítima pero que no engaña a nadie si  hay mucha diferencia entre lo que se cede y lo que se pretende; sin embargo, en la zona media de la tabla de prioridades hay un espacio de negociación interesante.
Quizá la mayor ventaja de hacer un análisis como este es evitar pérdidas de tiempo a personas y organizaciones si se detectan rápidamente incompatibilidades insalvables.

LAS HUMANIDADES EN EL PROYECTO EDUCATIVO

Quiero mostrar aquí que las humanidades son más que una parte del currículo: constituyen la perspectiva desde la que el currículo y el conju...