lunes, 30 de agosto de 2010

Dos hechos

Aunque no del mismo modo que la ciencia, la filosofía tiene que ver con los hechos. Hay dos hechos que por sí solos dan mucho que pensar.

El primer hecho tiene que ver con el espacio. La Tierra tiene un diámetro de unos 12.700 km (un viaje ida y vuelta a Washington), y el del Sol es de 1.500.000 km, un millón y medio de kilómetros. La distancia entre ambos es de 150.000.000 km, ciento cincuenta millones de kilómetros, cien veces el diámetro del Sol. Si intentamos un modelo a escala vamos a tener problemas con las distancias o con la pequeñez de la Tierra. Supongamos que en nuestro modelo representamos mil kilómetros con un milímetro. La Tierra sería entonces una bolita de 1,2 centímetros y el Sol una gran pelota de un metro y medio, siempre hablando del diámetro. La distancia entre ambos objetos sería de ciento cincuenta metros. La bola grande vista desde el punto en que tuviéramos la pequeña tendría el mismo tamaño aparente que el Sol tal como lo vemos en un eclipse. Si quisiéramos tener el modelo dentro de casa podríamos reducir la distancia entre los astros-modelo a un metro y medio, o sea, una escala cien veces menor, en cuyo caso el Sol estaría representado por una pelota de quince centímetros de diámetro y nuestro planeta tal vez por un grano de sal de poco más de una décima de milímetro.

El otro hecho tiene que ver con el tiempo. Dicen que la Tierra tiene 4.500 millones de años. La vida en ella data de unos 3.500 millones de años. El homo sapiens, unos 200.000 años. Si ponemos estas duraciones en una escala lineal para hacer un modelo que quepa en casa o en la escuela, la edad de la Tierra podría representarse con cuatro metros y medio (un millón de años equivaliendo a un milímetro), con lo cual el tiempo de la vida serían 3,5 metros y la presencia del hombre (homo sapiens, en cualquier caso) en el Universo, de unas dos décimas de milímetro. Claro que la mayor parte de esa existencia humana es básicamente animal; nos interesaría representar la etapa más propiamente "humana", la de los primeros asentamientos estables, de alguna manera urbanos, hace unos 10.000 años. Y dentro de este período querríamos destacar los 2.000 años de nuestra era cristiana y particularmente el siglo XX, que es el que nos resulta más familiar como ámbito temporal. Marcar estas etapas dentro de nuestros dos milímetros de homo sapiens es imposible. Por tanto, estiremos la escala diez veces, sacando el principio de la Tierra por la ventana, a 35 metros, dando dos centímetros al homo sapiens y marcando con lupa dos milímetros de era cristiana con una décima de milímetro de siglo veinte. Bastante engorroso y poco práctico. Pero aunque sea en el plano imaginario, el modelo es útil.

Los hechos sugieren algo al sujeto, sea un poeta, un religioso, un filósofo o un científico. Los hechos de la naturaleza han sido siempre tomados como ejemplo o modelo de muchas cosas, desde la naturaleza amable cuya armonía y belleza prueban la inteligencia o bondad de Dios hasta la naturaleza cruel que enseña la supervivencia del más fuerte. La actual visión del mundo, de la cual forman parte los dos hechos presentados, también es sugestiva, no sé si en un sentido pesimista pero, en todo caso, sí en el sentido de comenzar a moderar nuestra ya tradicional e ingenua confianza en la grandeza y permanencia de los asuntos humanos.

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